segunda-feira, 5 de agosto de 2013

¿Quién mata a los periodistas?

Por Viridiana Ríos


“El reportero mira y graba este mundo sombrío 

donde todos son fantasmas, donde la vida no vale nada. 
Y luego, lo silencian”.
—Alfredo Corchado, Midnight in Mexico

De los 56 periodistas que han sido ejecutados en México en los últimos 10 años sólo en tres casos las autoridades han llegado a la identificación de un sospechoso, y en dos a la sentencia (Commision for the Protection of Journalists —CPJ—, 2013). Al 96% de los periodistas asesinados nunca se les hace justicia. La situación es aún más alarmante si consideramos los ejecutados que, si bien no son periodistas, trabajaban en la industria mediática o fueron asesinados por ser familiares cercanos de periodistas.1 Tal fue el caso del padre, madre y hermano del periodista Miguel Ángel López, quienes fueron asesinados el 20 de junio de 2011 en el puerto de Veracruz (O’Connor, 2013).

La “Comisión para la Protección de los Periodistas” (Commision for the Protection of Journalists) registra que en 64% de los asesinatos de periodistas que han sucedido en México el motivo no ha podido ser confirmado, es decir, no se tiene evidencia alguna sobre quién o por qué el periodista fue asesinado.

La realidad es que la historia de los que escriben la historia de nuestro país no se está escribiendo. Se le está dejando pasar, por miedo o por desidia. No sabemos nada sobre un fenómeno del cual debiéramos saberlo todo.

Los mejores esfuerzos por identificar sospechosos han sido realizados por organizaciones de la sociedad civil. La CPJ clasifica a los asesinos de periodistas a nivel mundial en seis categorías: gobiernos, militares, paramilitares, grupos políticos, muchedumbres y residentes locales. En México 90% de los casos de periodistas que han muerto en la última década, y cuyo motivo ha podido ser identificado, son atribuidos al crimen organizado. Esto es atípico. El principal asesino de periodistas en el mundo son los grupos políticos, en promedio 21 periodistas al año mueren en sus manos. De hecho, en nuestro mismo país, apenas hace unos años los principales asesinos de periodistas —de acuerdo a la CPJ— eran militares y residentes locales. Tal parece que el asesino de nuestros periodistas ha cambiado de profesión o de cara.
Quién mata a los periodistas















La narrativa popular es bastante clara en identificar al narcotráfico como el principal verdugo de periodistas mexicanos. Son asesinados cuando su trabajo afecta los intereses del crimen organizado en zonas con altos niveles de impunidad. El narco se enoja al leer la nota. El periodista la paga.
Esta narrativa, sin embargo, se equivoca en muchos de estos casos. No nos explica por qué en 61% de los municipios en los que los medios han cubierto regularmente las actividades del narcotráfico en los últimos 10 años no ha muerto un solo periodista.2 Ni uno solo en Nogales, Mazatlán o Agua Prieta a pesar de que los tres municipios han tenido una amplia cobertura de las actividades de bandas criminales como Sinaloa, Tijuana y Beltrán Leyva. No nos explica por qué no todos los narcos se enojan al leer la nota. Asimismo, tampoco esclarece por qué en lugares donde las tasas de homicidios son altísimas, los periodistas pueden cubrir la nota con toda seguridad, como protegidos por chalecos invisibles. Al revisar lo sucedido en 2010, el año en el que más periodistas han muerto en México (10 de acuerdo a la CPJ), en ninguno de los 10 municipios con tasas de homicidios más altas ni un solo periodista fue asesinado. De hecho, de acuerdo a las estadísticas oficiales del INEGI, las tasas de homicidios dolosos en los municipios en los que al menos un periodista fue asesinado en 2010 nunca fueron superiores a 7 por cada 100 mil habitantes, muy por debajo de la media nacional, esto es, 18 por 100 mil. La narrativa no nos dice por qué no todos los periodistas la pagan.

Lo que sabemos al día de hoy sobre quién está matando a los periodistas en México es poco concluyente, tal vez porque toda nuestra evidencia al respecto se basa en el uso de dos herramientas: investigaciones legales conducidas por las procuradurías estatales (o, recientemente, federales), o etnografía sistematizada recopilada por académicos y periodistas. Una tercera herramienta, que es de hecho la que ha dado respuesta a los más importantes cuestionamientos sociales de las últimas décadas, ha sido dejada a un lado, al menos hasta ahora: la inferencia causal estadística.

Formada como científica social y aprendiz de periodista, me di a la tarea de utilizar inferencia causal para explorar el asesinato de periodistas en México. Sobre los hombros de los grandes científicos sociales vi que los mejores análisis de inferencia causal de las ciencias sociales se han realizado históricamente estudiando hermanos gemelos, analizando individuos que comparten genética y ambiente, pero que a pesar de ello tienen comportamientos disímiles.3 Pares en los que uno goza de plena salud, mientras que el otro muere prematuramente; gemelos que logran ingresos económicos y estatus sociales completamente diferentes; individuos que ingresan a las mejores escuelas pero ven a sus hermanos entrar a prisión.

Así que busqué gemelos. Municipios gemelos. Conduje un análisis econométrico con el que identifiqué municipios que compartían niveles similares de desarrollo económico y desigualdad, cuyas poblaciones eran de tamaño parecido, que contaban con el mismo número de grupos criminales operando, y que incluso tenían tasas similares de crimen.4 Lo único que diferenciaba a mis gemelos era que en un municipio al menos un periodista había muerto, en el otro los periodistas gozaban de plena seguridad.
Quién mata a los periodistas
El uso de esta tercera herramienta demostró dos cosas que no sabíamos respecto a quiénes están asesinando a los periodistas en México. Primero, que a lo que los periodistas deben temerle no es a las zonas violentas, sino a las zonas en las que la violencia está relacionada con la rivalidad delincuencial; y segundo, que incluso si hay alta presencia de grupos criminales, los periodistas no deben temerle a todos los grupos criminales por igual, hay criminales que asesinan más a los periodistas.

La violencia no importa, es el tipo de violencia el que hace la diferencia: los periodistas pueden cubrir con total seguridad zonas que tienen altos niveles de homicidios, siempre y cuando estos homicidios no hayan sido causados por rivalidad delincuencial.5Los periodistas están seguros incluso en áreas donde los criminales son altamente sanguinarios, siempre y cuando dicha violencia no se explique por el enfrentamiento de bandas criminales rivales. La estadística lo demuestra. Los periodistas mexicanos mueren en municipios como Ciudad Juárez, Chihuahua, o El Oro, Durango, donde las tasas de homicidios por rivalidad delincuencial llegan a los 200 por cada 100 mil habitantes. No mueren en Santiago Amoltepec o en San Jacinto Tlacotepec, ambos en Oaxaca, lugares donde también hay tasas de homicidios de 200, pero donde ninguno de los asesinatos es atribuible a grupos criminales luchando unos contra otros.

Hipotéticamente, un periodista puede reportar a mitad de un tiroteo, siempre y cuando los bandos en disputa no sean criminales organizados. La guerrilla zapatista, los grupos rebeldes de la sierra de Guerrero, las zonas de alta impunidad en Iztapalapa y áreas conurbadas, son muy seguras para los periodistas. Los homicidios que se explican por razones no relacionados con la rivalidad delincuencial no incrementan la probabilidad de que un periodista sea asesinado.

El segundo descubrimiento enriquece esta imagen: aun si el tiroteo fuera causado por grupos criminales en disputa, la probabilidad de que el periodista se viera afectado depende estrictamente de qué grupo criminal esté sosteniendo las armas.

La evidencia empírica demuestra que los periodistas son más vulnerables cuando cubren áreas donde los grupos en disputa son grupos criminales de reciente formación, particularmente Los Zetas y fracciones separatistas del Cártel de Sinaloa. 66% de los asesinatos de periodistas ocurrió en áreas donde operaba alguno de estos grupos criminales. Los Zetas son particularmente violentos, en especial cuando se están enfrentando al Golfo. 40% de los casos se presentó en zonas de rivalidad Zetas vs. Golfo. Otra rivalidad especialmente peligrosa para los periodistas es la que viene de fracciones de Beltrán Leyva peleándose unas con otras. La probabilidad de que un periodista sea asesinado en dichas zonas es 50% mayor que en cualquier otra parte del país.

Hay grupos criminales que tienen un efecto contrario, es decir, tienden a generar ambientes de protección hacia los que trabajan en medios de comunicación. Los periodistas pueden sentirse relativamente más seguros si en el tiroteo las armas las tienen grupos  criminales con mayor antigüedad como Tijuana, Sinaloa, Juárez e incluso  los Beltrán Leyva (en años en los que los Beltrán Leyva no se habían dividido en fracciones). Del total de periodistas asesinados, sólo 10% estaba en áreas donde operaba Tijuana. Particularmente estables son las zonas en las que conviven Beltrán Leyva y Juárez, o Beltrán Leyva y Tijuana.

En general, se puede decir que no es toda la violencia, ni todos los grupos delincuenciales los que están matando a nuestros periodistas. De hecho, los asesinos pueden identificarse con nombre y apellido, y las condiciones que favorecen sus actos pueden mapearse a partir de estadísticas judiciales. Una política pública de seguridad responsable debe reconocer que a los periodistas ni los matan todos los narcos, ni en todas circunstancias. Los matan Los Zetas y los grupos criminales de reciente creación cuando éstos se encuentran circunstancialmente enfrentándose unos a otros.

Aun así, hay mucho que todavía no sabemos. Las respuestas que provienen de ejercicios de inferencia causal como el que aquí se ha presentado están limitados por la naturaleza misma de la estadística. La inferencia estadística identifica causalidad en ambientes promedio, es decir, nos dice cuál sería el comportamiento esperado de individuos prototípicos. La estadística es ciega a las atipicidades. Y, desafortunadamente, de atipicidades está lleno el periodismo.

Tenemos dudas también de que estemos contando todos los casos de asesinatos que se han presentado en México. Las cifras difieren enormemente dependiendo de la fuente. La estadísticas de los 56 asesinatos identificados por CPJ palidecen cuando se les compara con la cifra que recientemente dio la CNDH. Son 84 los periodista asesinados de 2000 a la fecha, y 20 más desaparecidos desde 2005. Wikipedia (2013) tiene también su propia cuenta: son 148.
Quién mata a los periodistas
Incluso estos números pueden ser subestimaciones. No tenemos certeza sobre cuántos periodistas han muerto porque muchos sólo han desaparecido. Hace casi un año, el 19 de julio de 2012, desapareció Miguel Morales Estrada, fotoperiodista del Diario de Poza Rica. Hasta el día de hoy no ha sido encontrado. En enero de este año fue visto por última vez Sergio Landa Rosado, reportero del Diario Cardelde Veracruz. México es el país del mundo con mayor número de periodistas desaparecidos: siete casos en seis años (CPJ, 2013).

Peor aún, no sabemos cuántos periodistas hubieran muerto de no ser porque, simplemente, dejaron de serlo. Decidieron dejara de cubrir la nota y taparse boca y oídos. El Diario de Ciudad Juárez publicó un editorial dirigido a “las diferentes organizaciones que se disputan la plaza de Ciudad Juárez”, luego de que fuera asesinado Luis Carlos Santiago Orozco, reportero gráfico de 21 años de edad. “Queremos que nos expliquen qué es lo que quieren de nosotros”, clamaba el diario, “qué es lo que pretenden que publiquemos o dejemos de publicar, para saber a qué atenernos”. Luis Carlos era el segundo periodista asesinado en menos de dos años en esa ciudad.

Desde entonces no han muerto más periodistas en Ciudad Juárez. Han pasado tres años.

Autocensura o no, al día de hoy un periodista que cubre México tiene más probabilidad de morir o desaparecer en el ejercicio de su labor que uno que cubre países en guerra como Afganistán, Siria o Somalia (CPJ, 2013). De hecho, México es el cuarto país del mundo donde más periodistas han muerto en la última década, sólo superado por Irak, Filipinas y Pakistán (CPJ, 2013). Identificar quién los está matando es una tarea que no puede seguir siendo dejada a un lado. n
Viridiana Ríos. Doctora en Gobierno por la Universidad de Harvard y colaboradora del Programa de Pobreza y Gobernabilidad de la Universidad de Stanford.

Referencias
Corchado, Alfredo, Midnight in Mexico: A Reporter’s Journey Through a Country’s Descent Into Darkness, Penguin, 2013.
Coscia, Michele y Viridiana Ríos, “Identifying Where and How Criminal Organizations Operate Using Web Content”, en CIKM-12, octubre-noviembre, Maui, USA, 2012.
CPJ, Journalists Killed by Country Database, Nueva York, 2013.
Ho, Daniel, Kosuke Imai, Gary King y Elizabeth Stuart, “Matching as Nonparametric Preprocessing for Reducing Model Dependence in Parametric Causal Inference”, en Political Analysis, 15: 199-236, 2007.
Molzahn, Cory, Viridiana Ríos y David A. Shirk, Drug violence in Mexico: Data and analysis through 2011, Trans-Border Institute, University of San Diego, San Diego, 2012.
O’Connor, Mike, “Family murdered, Veracruz journalist seeks asylum in US”, en CPJ Blog, Mexico, junio 19, 2013.
Ríos, Viridiana, “Tendencias y explicaciones al asesinato de periodistas y alcaldes en México”, en Aguilar Rivera, José Antonio (coord.), Las bases sociales y políticas del crimen organizado y la violencia en México, SSP, México, 2012.
Tucker-Drob, Elliot M., “Preschools Reduce Early Academic-Achievement Gaps A Longitudinal Twin Approach”, Psychological Science 23.3: 310-319, 2012.
Wikipedia, List of Journalists Killed in the Mexican Drug War (al 28 de junio), 2013.
1 De 2000 a 2013 han sido asesinados al menos cuatro trabajadores mediáticos en México (CPJ 2013).
2 Utilizando los resultados de Coscia y Rios (2012) existen al menos 22 municipios en donde se ha dado cobertura mediática a las actividades del narcotráfico de manera sistemática en los últimos 10 años: Tijuana, Campeche, Colima, Chihuahua, Juárez, Durango, Guanajuato, Acapulco, Guadalajara, Almoloya de Juárez, Monterrey, El Fuerte, Mazatlán, Sinaloa, Agua Prieta, Nogales, Matamoros, Nuevo Laredo, Reynosa, Veracruz, Carlos A. Carrillo y Quintana Roo.
3 Véase por ejemplo Tucker-Drob (2012).
4 El método se conoce como “matching by closest neighbor” y ha sido ampliamente explorado por académicos como (Ho et al., 2007). El trabajo preliminar de Ríos (2012) muestra un prototipo del modelo, un manuscrito de Ríos y Holland (Departamento de Gobierno de la Universidad de Harvard) está al día de hoy en elaboración y disponible bajo pedido.
5 En 2011 la Secretaría Nacional de Seguridad Pública (SNSP, 2011) reportó el número de “fallecimientos ocurridos por presunta rivalidad delincuencial” que sucedieron en cada uno de los municipios de México de diciembre de 2006 a septiembre de 2011. Los casos fueron identificados por un comité integrado por procuradurías de justicia locales, federales y otras instancias de seguridad pública, y representan una proporción del total de homicidios dolosos del país. Véase Molzahan, Ríos y Shirk (2012) para una descripción de los datos y su significado.

Fonte: http://ht.ly/nEi4Q Nexos en Línea

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