sábado, 7 de setembro de 2013

Encuentro con Frank Locker, profesor de arquitectura de Harvard: Las escuelas del futuro

Encuentro con Frank Locker, profesor de arquitectura de Harvard:

Los alumnos del siglo XXI no deberían aprender bajo el mismo modelo tradicional que educó a sus padres. Para este experto, es hora de romper con el “absurdo” orden de las hileras de pupitres.


Por: Angélica María Cuevas
“Que hayamos repetido durante más de 100 años el mismo modelo educativo, en el que el profesor especializado se ubica delante de los alumnos para entregarles conocimiento sobre una materia específica, no significa que hayamos tomado la mejor decisión”.
“Fragmentar en materias el aprendizaje, enseñarles a hileras de niños aislados unos de otros, limitados a pupitres donde sólo cabe un cuaderno, ha sido un error. Va en contra de las dinámicas del mundo real, en el que se necesitan personas creativas, capaces de resolver problemas, comunicativas y colaboradoras. Lograr estas competencias en la mayoría de estudiantes no será posible si la escuela no les ofrece espacios de debate y de trabajo en equipo”. De esta manera Frank Locker, doctor en arquitectura de la Universidad de Edimburgo, da inicio a la conversación.
Locker es también profesor de la Escuela Superior de Diseño de Harvard y acaba de llegar a Colombia para asesorar al Gimnasio Los Caobos, en Bogotá, en la implementación de estrategias de aprendizaje innovadoras, ligadas al rediseño de la infraestructura educativa, para motivar la formación integral de sus alumnos.
Durante los últimos años este experto en diseño de espacios se ha convertido en una autoridad en el tema educativo en Estados Unidos, donde ha impulsando la reestructuración de por lo menos diez grandes colegios.
El académico está convencido de que los líderes políticos, empresarios, maestros y padres de familia del futuro (que hoy están sentados en las escuelas) no pueden seguir siendo educados con los mismos métodos de formación sobre los que sus padres y abuelos se levantaron.
Para Locker, la idea de pasar por lo menos diez años de la vida asistiendo a salones separados donde se cumplen horarios y se dictan materias especializadas (química, física, historia, biología, matemáticas), está muy lejos de generar en las mentes de los alumnos conexiones analíticas entre un tema y otro.
“Son muy pocos, quizá lo más apasionados, los que logran identificar de qué manera lo que aprenden en ciencia tiene que ver con lo que reciben en la clase de matemáticas o de sociales. Ni el mundo de los negocios ni la sociedad requieren ciudadanos especializados. Se necesitan personas capaces de resolver conflictos. Claro que podríamos ignorar lo que está ocurriendo, defender el modelo tradicional y seguir aumentando la brecha entre la mayoría y unos pocos afortunados que se quedarán con las mejores oportunidades”, dice.
El arquitecto defiende que así como el modelo de formación tradicional (que se aplica en más del 90% de las escuelas del mundo), es obsoleto, los espacios diseñados para aplicarlo también deben replantearse.
“Hemos identificado que los alumnos deben trabajar por proyectos. Luego de asistir a núcleos de formación direccionados por los maestros podrán desarrollar sus habilidades y ser evaluados a partir del trabajo en equipo. Para esto se necesita una mesa central, unas sillas que permitan moverse fácilmente para integrarse en grupos, algunos espacios para trabajar solos. El espacio debe motivar a que exista la colaboración entre un estudiante y otro. Está comprobado que ese trabajo en equipo potencia las capacidades individuales. Hemos visto que esta manera de aprender incentiva la curiosidad y motiva a los alumnos a seguir estudiando”.
Esto suena bien para aplicarlo en colegios que tengan los recursos para hacer estas reformas y pocos estudiantes, pero ¿qué hacer cuando los colegios públicos colombianos poseen construcciones clásicas y un salón puede albergar hasta a 40 alumnos?
“Es un panorama complicado. Pero hay cosas que pueden hacerse y que también han funcionado en los EE.UU. Es posible proponerles a los estudiantes que trabajen en horario extracurricular en proyectos que les llamen la atención; la curiosidad de saber en qué están trabajando los compañeros llamará la atención de otros. Podría iniciarse con algo tan sencillo como una huerta común, como ocurrió en una de las escuelas distritales de San Diego (California): desde los más pequeños tenían su lugar en la huerta y aplicaron lo que sabían de biología, matemáticas y ciencia. Experimentaron. ¿Usted cree que funcionaría en Colombia? ¿Que podría ser un primer paso? Yo creo que sí”.

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